Una calle cualquiera en Santiago Centro. A la izquierda, casas de dos pisos de más de 100 años de antigüedad con sus paredes pintadas de varios colores, con puertas y ventanas de madera todas distintas y llenas de macetas con flores que invitan a mirar y recrearse en un paseo por la historia. A la derecha un edificio recién entregado de más de 20 pisos que termina en un muro ciego de hormigón de más de 6 metros de altura donde no aparece ni una sola ventana, ni un solo ornamento y mucho menos un “gesto urbano” que lo integre con su entorno. Toda una oportunidad perdida, junto con la escala de la calle que ahora aparece fracturada e inconexa.
La historia del muro sin alma se repite interminablemente por muchos de los barrios de nuestra ciudad, dejando a su paso un mensaje de desolación, de desapego, de falta de generosidad para con la historia, el presente y el futuro. Al igual que otros como el famoso muro de Berlín, estos muros separan y dividen a los nuevos residentes de los antiguos, no agregan sino que son mudos testigos de una falta de comprensión de las enormes posibilidades perdidas de integrar al pasado, rescatando y poniendo en valor la vida que de a poco se va evaporando de las calles en las nuevas zonas residenciales en densidad de Santiago… aunque podría ser cualquier ciudad de Chile donde se repite al infinito este modelo insensible del mal llamado desarrollo.
Tres elementos son claves para la venta de todo producto inmobiliario: el producto, la fuerza de venta y la publicidad. Los dos últimos siempre pueden ser modificados y mejorados durante el proceso de venta, el primero no. Un producto mal concebido es una carga que debe arrastrar la inmobiliaria durante un largo período, aquel que comienza cuando empezamos a venderlo y que por ahora, es similar al de la mayoría de los proyectos con los que compite ya que son los menos los que entienden que esto va mucho más allá del diseño de departamentos funcionales. Consumidores cada vez más exigentes y con una gran variedad de opciones ya no solo se fijan en un buen precio sino que han comenzado a considerar otras variables en su decisión de compra: la calidad de las terminaciones, la densidad del conjunto, la forma en que el proyecto se integra con su entorno, las posibilidades de servicios y equipamiento que entrega y la belleza de su arquitectura por solo nombrar a las principales. Lo asombroso es que a pesar de todos los años en que la ciudad viene desarrollándose a un ritmo vertiginoso todavía no se tome conciencia plenamente que la época de satisfacer con bienes básicos a una demanda abundante esta llegando a si fin, que ahora importa más que nunca comenzar a trabajar para grupos específicos de consumidores, que son todos distintos, que tienen necesidades particulares y que demandan más atención en la definición y construcción de lo que les vamos a ofrecer.
Seth Godin, especialista en marketing, decía que existen dos factores críticos para poder diferenciarse y vender: un excelente diseño y tener presente que lo seguro es peligroso. Tratar de seguir produciendo departamentos y casas con un diseño básico y para un consumidor medio es, en una palabra, “suicida”. Ha llegado el momento de que hagamos el salto hacia una ciudad de clase internacional, en la que a cada grupo de consumidores se entreguen bienes concebidos para satisfacer sus necesidades y deseos, en la que los edificios dialoguen en harmonía con sus vecinos y la calle para mantener vivo el espíritu urbano de los que la soñaron y siguen soñando como un lugar donde vale la pena vivir.
Marcelo Bauzá
Dinamia
martes, 10 de marzo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario